Miércoles, 08 Abril 2015 00:00

"Sí, que usen los helicópteros", y que nos siga cargando la chingada

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"Sí, que usen los helicópteros", y que nos siga cargando la chingada Cortesía

“Lo más molesto de estos juicios que reprueban el uso de los helicópteros es que traen un hedor a complejo de inferioridad sin igual”. Carlos Mota

El columnista del portal virtual del periódico nacional El financiero expresa su molestia hacia la respuesta social que ha ocasionado el caso del gobernador de Morelos, Graco Ramírez ( http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/si-que-usen-los-helicopteros.html ). Además de señalar que dicha indignación, más que ser un reclamo del pueblo para el esclarecimiento del uso de recursos públicos -erario-, es un grito “hediondo” a envidia y complejo de inferioridad, el autor observa dos errores “fundamentales” en los reclamos. El primer error es, a consideración de Carlos Mota, el error de creer que México es accesible. La “orografía”, tal como lo menciona el autor es el primer error “fundamental” en que se encuentra la ideología de estos pobres, hediondos a envidia y acomplejados mexicanos -sarcasmo-. ¿Cómo se les ocurre pensar que un servidor público, por necesidad e incapacidad “orográfica”, pueda llegar en un transporte “público” y no en uno privado? ¿En qué mente alcanza la ignorancia -si ésta fuese mesurable- para creer que nuestro magnánimo Gobierno, en su justa y transparente rendición de cuentas, haya empleado la cantidad necesaria para el planeamiento y ejecución de sistemas de comunicación vial que efectivamente permitan el transporte y comunicación aprovechando el conocimiento orográfico que se tiene del territorio nacional? Y lo que menos puedo entender, ¿por qué los “radicales” no pueden entender, que pese a la agenda de los servidores públicos, sus asistentes y economía administrativa en general, son incapaces de hacer un viaje que puede tomarle horas, quizá días, si utilizan los mismos medios y recursos que el propio Gobierno -al cual representan- ha dispuesto en el sistema de caminos, cuando ellos pueden utilizar recursos “privados” y evitar así, “malgastar” su tiempo utilizando un método común y normal de transporte? Dejemos el sarcasmo de lado.

Sr. Carlos Mota. Si usted encuentra un error “fundamental” en los comentarios de indignación y reprobación, porque el sistema de caminos y transporte no le permite al Señor Gobernador, llegar a tiempo a X reunión a la que estuviese comprometido, le informo que su argumento, además de clasista e ignorante, carece de “fundamento” epistemológico, argumentativo y lógico. Si existe un problema con la “orografía” de México, no tiene nada que ver con el sistema de transporte que existe en éste o aquel país extranjero: Si en París, como menciona, un tren te lleva a tu destino en 2 horas, no es por la orografía del país, sino por el efectivo uso de los recursos para implementar un sistema de transporte adecuado a la topografía, orografía, demografía y en general, los diversos conocimientos y estudios necesarios.

El segundo error “fundamental” que observa el columnista y autor de la nota, Carlos Mota, reside en la ambigüedad de su propia incongruencia discursiva y la contradicción de aquello que denuncia: parámetros morales. ¡Denle una cerveza a este hombre, caray! “La sociedad mexicana está entrando en una paranoia moral caracterizada por juicios sumarios hacia personajes públicos, quienes son duramente juzgados acerca del uso de recursos que tienen a la mano.”

Una “paranoia moral”, porque no era suficiente diagnosticar, ignorantemente, de “acomplejamiento de inferioridad” a quienes se mostraron en contra de lo sucedido, ahora y para cerrar con una paradoja retórica psuedo-filosófica, hay que diagnosticarlos de paranoicos. Y no cualquier paranoia, una “paranoia moral”. Sr. Mota, me encantaría una exposición, con lujo de referencia bibliográfica sobre cómo se diagnostica y cuál es el cuadro semiótico sintomático de quien padece dicho trastorno. ¡Oh…! Disculpe usted mi malinterpretación ¿Acaso ese concepto fue meramente metafórico, destinado a señalar que existe una psicosis, un trastorno social que afecta el juicio moral con ideas delirantes sobre la realidad y la experiencia propia de quien lo padece? ¿O acaso su uso metafórico fue, en realidad, de uso poético-estilístico para acentuar, enfatizar su reprobación hacia estos sujetos (“La sociedad mexicana”) a los cuales, obviamente, usted no pertenece y sobre los cuales, obviamente, puede ejercer el mismo y paradójico juicio moral? Dejemos el sarcasmo, nuevamente. El segundo error “fundamental” que señala el autor apunta a que no existe el parámetro moral para denunciar, acusar, enjuiciar y condenar hechos político-sociales:

“¿Quién establece la barra de lo moralmente adecuado y lo separa de lo que no lo es? ¿Es un periodista, un político incorruptible, un organismo internacional como la OCDE? ¿Quién? En esta ocasión fueron los helicópteros; pero mañana podrá ser otra cosa: comer en el Estoril; vacacionar en San Francisco; hospedarse en algún FiestAmericana Grand; comprar unos zapatos en Ferragamo; o utilizar un auto Acura.”

La pregunta capciosa con la que pobre, ingenua y mediocremente intenta argumentar su segunda hipótesis, no está elaborada para responder “¿Quién?” La capciosidad se encuentra en la retórica de la confirmación que presenta una tercera hipótesis implícita, misma que se argumenta y se confirma en la pseudo-argumentación, del segundo error “fundamental”, visto en la pregunta misma: “Nadie”. Nadie puede establecer nada (moralmente), ni bueno ni malo… ¿Cómo lo harían si son presos de una “paranoia moral”? ¿Sus delirios pueden acaso, ser tomados como verdad? No. Nadie puede reclamar el uso, debido o indebido de recursos públicos. ¡¿Cómo se atreven?! Si los servidores públicos quieren hacerlo ¿Quién se opondrá; quién les pedirá cuentas, quién? ¡Nadie! Porque son ellos y somos nosotros. Son ellos: políticos, gobernadores, periodistas, servidores públicos; y somos nosotros: “pueblo delirante y hediondo de envidia”. ¿Complejo de inferioridad? ¿Acaso un reclamo de equidad, de claridad, de justicia, es sinónimo de un complejo patémico depresivo? Y en todo caso, si habremos de lanzar diagnósticos psicológicos -como lo hace el autor de la nota- ¿no es más lógico que los servidores públicos, en sus actos de prepotencia; en sus vidas de lujos inútiles -artículos domésticos y personales sobrevaluados: “de marca”-; en la hegemonía del “yo hago lo que quiero por mi posición” sean diagnosticados de “complejo de inferioridad”?

La tercer hipótesis que el autor maneja en su artículo, implícitamente, ya debe ser clara para este momento de la lectura. Esa hipótesis que argumenta y confirma los dos “errores” de la respuesta mexicana; la hipótesis que señala que el pueblo mexicano no debe reclamar nada, no debe reflexionar nada: El pueblo mexicano es pendejo. Ya llamó al mexicano, a nosotros y a él, entre-ellos, “paranoicos”. Ya nos cuestionó sobre qué autoridad -moral o social- tenemos para reclamar el uso del erario público. Y concluye como inicia: reafirmando que no tenemos nada que ver con lo que los servidores públicos, gobernantes, periodistas y políticos hagan. Obviamente México no tiene otros problemas que solucionar, dado que sus máximos líderes se ven libres de utilizar recursos públicos para resolver grandes problemas como: “la orografía y el cuestionamiento moral... o el llegar a tiempo a una reunión”.

Modificado por última vez en Jueves, 09 Abril 2015 01:15
Mario Grana

2 de Mayo de 1986. Guadalajara, Jalisco. México. Egresado de la carrera de Letras Hispanoamericanas del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Profesor de Español como segunda lengua y Gramática del Español. Estudiante de literatura, investigador de Semiótica literaria.