Martes, 23 Abril 2019 17:58

Cabaret PoliMex

Cabaret PoliMex

 

Por: Lalo Carrillo

 

Casi todos los días nos topamos con columnas de opinión y demás productos comunicacionales que provienen de la esfera de deliberación democrática. Vemos a muchos políticos que esgrimen sus verdades irrefutables, sublimes o hermosas y otros más que apuntan sus obuses argumentales contra sus adversarios.

La lucha siempre ha estado en el terreno de lo discursivo, en el plano de las ideas para posteriormente darle forma a nuestra realidad. Es aquí, donde los medios de comunicación y la sociedad civil no debemos cederles a los políticos por más tiempo ese espacio que no les corresponde exclusivamente y que por derecho es de todos.

Como lo dijo Baudrillard, vivimos en la hiperrealidad, en un mundo contado por otros, en este caso son las industrias de la información y comunicación las que lo hacen, ya sea en medios tradicionales o redes sociales, cuya dinámica se basa en tomar los discursos de los políticos o acontecimientos sociales, adaptándolos a diferentes formatos para facilitar su rápida distribución y consumo masivo. Aunque nosotros seamos productores y espectadores de esta realidad, estamos incapacitados para controlarla, pero no así para analizarla, entenderla y exigir nuevas narrativas con diferentes mensajes.

Hoy los abusos de poder y crímenes de Estado quedan impunes, ocupan en nuestra sobresaturada agenda de información la misma cobertura que los zapatos viejos del presidente o el noviazgo de alguna celebridad. Sin embargo, nuestro tipo de cambio en los asuntos de interés público y de relevancia gubernamental, sigue siendo la obsolescente fantasía del conflicto y el espectáculo en el que todos somos felices “audiencias”, donde siempre el show debe continuar.

Pero ¿quiénes son los que conforman este conflicto-espectáculo? ¿Es acaso que tenemos una clase política que solamente habla de sí misma y nosotros somos unos simples mirones sin voz con un voto sólo cada jornada electoral? Claro que sí, así ha sido y la respuesta siempre son los políticos y nunca la sociedad civil. Salvo algunas expresiones o escándalos mediáticos que nacieron “espontáneamente” pero que fueron impulsados por grupos políticos constituidos y en todos los casos caducaron en la agenda mediática, convirtiéndose en un adorno discursivo de las “disidencias”.

Es aquí donde debemos centrar el debate que atraviesa los tres poderes de la democracia, la sociedad y la opinión pública. Detengamos todas sus palabras y mensajes frívolos, no podemos creernos la intención de lo que nos dicen sin analizar la significación e impacto social que pudieran llegar a tener sus posicionamientos. Es tiempo de exigir a nuestra clase política que deje de bombardearnos con sus temas y sus agendas en las que ellos son la estrella, donde la construcción de su imagen abusa y remarginaliza a la propia sociedad, su figura no debe ser noticia sobre la miseria humana. Pongamos a la sociedad como razón del debate, contraargumentemos con inteligencia y pidamos muestren su trabajo con base social.

En México, para que exista la puesta en escena de la simulación política debe haber un escenario, estrellitas o actores, así como un público que paga por ver y aplaude sus gracias. Estamos viviendo en carne propia que aquí es más difícil dejar de ser foca aplaudidora o una vedette de la política que exigir o comunicar resultados.

Publicado en Crítica