Plan Nacional de Desarrollo, la voz del Ejecutivo Federal y nada más

 

Por: Erika Crystal Zavala López

En los próximos días será votado por el Pleno de la Cámara de Diputados el Plan Nacional de Desarrollo presentado por el Ejecutivo Federal el pasado 30 de abril, un plan que no integra las voces de ciudadanos recabadas por el gobierno federal.

El Plan Nacional de Desarrollo ha generado una serie de críticas y discusiones en las que se evidencian las deficiencias metodológicas y técnicas del documento, pero sobre todo en el que queda clara la ausencia de estrategias, objetivos y metas para hacer que México crezca y se desarrolle de manera competitiva.

Dicho Plan, que ha sido descrito por el Presidente de la Comisión de Desarrollo Democrático de la COPARMEX, Juan Manuel Barba, como “un listado de buenos deseos, en el que México se merece más”, ha sumado pronunciamientos de inconformidad por varios de los sectores económicos, académicos, políticos y sociales en los que incluso se ha señalado por el Movimiento para el Desarrollo Liderado por las Comunidades (MovDLC) -que cuenta con el apoyo de 241 instituciones sociales, colectivos y 715 ciudadanas y ciudadanos-, la falta de apego a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como a la Ley de Planeación y la Guía Técnica y Metodológica del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 emitido por la SHCP.

Si bien, ya se ha escrito en diferentes medios sobre las carencias de fondo con las que cuenta el Plan Nacional de Desarrollo, sobre temas medulares que pueden ser englobados en el Desarrollo Sostenible, en particular el presente artículo pretende centrarse en la forma que, finalmente como diría Jesús Reyes Heroles, “en la política la forma es fondo”.

Y en esta “forma”, el presente Plan ha sido edificado bajo un proceso engañoso que alude a la participación ciudadana pero que no la integra. En apariencia, para construir el Plan Nacional de Desarrollo se llevaron a cabo 3 foros a nivel nacional, 32 foros estatales numerosas mesas sectoriales, y foros especiales que tuvieron la “intención” de priorizar a los sectores y personas que habitan todo el país, pero en la realidad, MovDLC ha denunciado en su pronunciamiento sobre la elaboración y presentación de dos documentos distintos por parte del Ejecutivo, de los cuales solo uno fue presentado y será votado por la Cámara de Diputados.

La controversia en esto surge, cuando curiosamente el documento presentado como el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, que será votado, es el documento que no guarda relación con los ejercicios de participación y consulta efectuados el pasado marzo, lo que podría suponer un acto de completa simulación que busca legitimar al Plan por medio de consultas y voces que finalmente no fueron integradas.

Sin embargo, no es de sorprender que el documento presentado a los Diputados para su aprobación se encuentre sumamente alejado de la perspectiva ciudadana, académica y empresarial, puesto que en definitiva el Plan Nacional de Desarrollo fue elaborado bajo los mismo vicios que han sido recurrentes en las administraciones pasadas –esas que el Presidente ha bautizado como la mafia del poder-, en donde su construcción y planeación depende de la pluma de “especialistas” que trabajan en la comodidad de sus oficinas tratando de plasmar en el papel lo que no se puede sostener en la realidad que, dicho sea de más, desconocen, y todo esto bajo una narrativa romántica del Ejecutivo sobre lo que espera realizar, aunque no explique y sustente cómo.

Cabe recalcar que no existe sorpresa en lo anterior, porqué el presidente de México ha demostrado en varias ocasiones que para él ejercer la participación ciudadana significa esbozar preguntas al vapor en mítines políticos y contar a ojo de buen cubero las manos levantadas. Entendiendo este contexto, lo que sorprendería es que tuviésemos una planeación de nación que cuente con fundamentos metodológicos y técnicos y que además incluya un ejercicio real de consulta ciudadana.

Al final del día, el Plan Nacional de Desarrollo se convierte en el perfecto reflejo de la línea de trabajo que el Ejecutivo ha desempeñado y desempeñará durante lo que resta del sexenio, en dónde el discurso sin sustento es el que impera y en la ejecución la realidad sea otra. Entendiendo lo anterior, resulta comprensible que si en la forma es deficiente, el fondo también lo es y, por ello, la versión presentada a la Cámara de Diputados carece de Desarrollo sostenible, se encuentra cargado de la Dogma política presidencial, se mantiene lleno de buenas intenciones pero con nula definición de estrategias, metas y objetivos, en pocas palabras: es totalmente congruente con lo que el Gobierno Federal es hoy en día y será durante el sexenio.

Publicado en Crítica