Jueves, 04 Mayo 2017 23:10

Bruce Lee, macho que se respeta

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De nombre verdadero Lee Jun-Fan, que significa precisamente protector de San Francisco, Bruce Lee es uno de los hombres más populares y polifacéticos de la historia moderna. Su popularidad no está basada como la de muchos en un inflamiento publicitario, y su carácter polifacético no es berrinche de niño rico a quien su papi deja jugar a ser pintor, cantante, futbolista o administrador de empresas, aunque no tenga ni talento, ni mérito para esto. Bruce hizo su propio camino dando patadas circulares y rectos de dos pulgadas a todos los obstáculos que se le presentaron. Es uno de los hombres con más influencia en el siglo XX y sus películas ultra-violentas donde podía sacar de combate a 80 hombres sin despeinarse fueron la motivación para que Estados Unidos entero se pusiera a practicar artes marciales.

Bruce Lee tenía un espíritu combativo como ninguno; lo que se ve claramente en sus apelativos: “el pequeño Fénix” o “el pequeño Dragón”. Desde los seis años actuó en series y películas de considerable audiencia en China. A los 18 años regresó a San Francisco -donde nació debido al oficio itinerante de su padre, también actor- en parte a buscarse la vida y en parte para dejar los múltiples altercados en que constantemente se veía metido; era un tipo de mecha corta.

Relacionado desde la adolescencia con las artes marciales, creó un estilo propio: el Jet Kune Do, “el puño que intercepta”, disciplina que según Lee no tiene un estilo de movimientos definidos, sino que conjuga con libertad lo mejor de varias artes marciales, boxeo occidental y esgrima. Fue alguien que, como todos los grandes, supo aprender de los demás con humildad. De Chuk Norris aprendió el estilo Tangsudo y de Dan Inosanto aprendió eskrima filipino por el que hace cientos de años el guerrero Lapulapu mató al conquistador Fernando de Magallanes. A Bruce no le interesaba ser guapo porque de un puñetazo podía arruinarle la cara a cualquiera que osara competirle una chica, si el rival era demasiado guapo y no lo afeaba a puños podía usar los nunchaku con los que era excesivamente rápido o el palo Bo; así que la galantería fue un área donde no le importó incursionar.

Tanto en sus películas como en combates reales Bruce fue invencible, superando a peleadores físicamente superiores. Pero su habilidad no se quedaba en el arte de tirar muelas, y aquí va otra característica de los grandes personajes; se desempeñó con éxito en otras actividades. También fue campeón de boxeo en China, campeón de chachachá en Hong Kong, se doctoró en filosofía en la Universidad de Washington y fue estudioso de Hegel, Marx, Spinoza, Krishnamurti y Lao-Tsé, escritor, inventor de aparatos de entrenamiento, guionista y cuenta chistes con bastante reputación. En sentido estricto Lee Jun-Fan fue una lumbrera, y logró inmenso reconocimiento, probado por la cantidad de cintas, videojuegos, cómics, caricaturas, libros y artículos inspirados en él.

Muestra irrefutable de que la voluntad, la disciplina y el conocimiento son cosas que no se logran fanfarroneando en facebook es que cuando Bruce murió a la edad de 32 años -consecuencia de una reacción alérgica a un medicamento- los médicos estaban sorprendidos de su estado corporal que simplemente había desafiado el tiempo: tenía el físico de un atleta de 20 años, situación no congénita, pues hay testimonios de que Lee Jun-Fan era un niño bastante escuálido y enfermizo. Todo esto nos indica que Bruce fue un hombre consagrado a su perfeccionamiento físico, intelectual y espiritual, era un hombre completo y no aceptaba pretextos, porque cuando encontró situaciones difíciles siempre buscó la manera de seguir su camino, de adaptarse a las circunstancias. “Sé como el agua”, decía, “…el agua toma la forma del lugar donde está, si está en un vaso se vuelve el vaso, si está en una mano se vuelve la mano”.

Cuando Bruce Lee se lastimó un hueso sacro que lo tuvo medio año fuera de actividad física, se consagró al estudio de la filosofía y de las técnicas marciales, se cuenta que un médico dijo a Lee que no podría volver a caminar, cuando nuestro héroe se levantó de la silla de ruedas fue a ver al médico en cuestión que al verlo entrar al consultorio sacó su título del marco en que estaba y se lo comió como si fuera una lechuga. Lee demostró lo que después afirmara Rocky: no importa qué tan rudo seas. Nadie te va a pegar más duro que la vida. Pero no se trata de qué tan duro des el golpe. Se trata de qué tan fuerte puedes aguantar el golpe y seguir adelante, qué tan recio pueden pegarte y tú seguir hacia adelante. Así es como se debe hacer.

Como nota a pie de página: Hay una estatua de Bruce Lee en San Francisco; nunca paloma alguna ha cagado ahí.

Modificado por última vez en Lunes, 08 Mayo 2017 15:39
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.