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Ibargüengoitia y la ironía

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Burlarse de sí mismo o en el mejor de los casos, burlarse de la vida, es una de las artes más difíciles y por tanto más delectables; pero usar este arte en una narración no tiene precio (no vendo tarjetas). La risa de sí es una de las muestras más contundentes de sabiduría y salud. La burla de sí, considerada fácil cuando se ve en algún otro, no es, sin embargo, una habilidad adquirida por muchos. Por eso lo admirable de nuestro autor; pues si a algún mexicano se le puede decir maestro de la ironía, ese alguien es el guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, quien escribió narrativa, teatro, periodismo y hasta buenos cuentos infantiles. No se puede considerar un autor cómico a secas, porque la ironía es una de las técnicas predilectas de la crítica, pero esta no es fácil sin un pensamiento riguroso y sin conocimiento. “Los relámpagos de agosto”, su primera novela y obra en que Ibargüengoitia explica la genealogía de la clase política y marcial de nuestro país en las postrimerías de la Revolución es una muestra fehaciente de la racionalidad del autor. La crítica social que va a la par de la narración no podría adjudicarse a un bufón.

Ibargüengoitia demostró una terquedad admirable en cuanto al humor sarcástico como crítica ingeniosa y eficaz de los malos hábitos, las instituciones decadentes y hasta algunos ideales del pueblo mexicano. Entre las descripciones breves, la configuración de personajes sencillos, contradictorios, abandonados a sus propios vicios, ambiciones y hasta al tartufismo, Jorge va tejiendo una urdimbre narrativa de un estilo directo y picante, sin llegar jamás a la procacidad o al insulto. El desquite ante el rechazo amoroso, la tranza, la ingenuidad, la falsa intelectualidad y la inconstancia son temas recurrentes en sus obras. Por ejemplo, podemos mencionar “La ley de Herodes”, único libro de cuentos que escribió Ibargüengoitia, y que en sus páginas alberga las historias de mendigos, scouts, guionistas borrachos, falsos agentes de la CIA o gringas tragonas y codas, también y cómo no decirlo, alberga una base autobiográfica dispersa en los personajes principales donde el autor se pone en el centro mismo de los enredos, los rechazos y las humillaciones más divertidas.

La diversión era en el mejor de los casos una de las facetas del autor, de quien se decía que era de personalidad reservada, relajado únicamente con los muy cercanos. Capaz de decisiones fuertes como cuando abandonó la carrera de ingeniería, a pesar de la presión familiar, para dedicarse a la Literatura.

No es cuestión desgastada mencionar las películas varias basadas en la obra del mexicano, por ejemplo “Estas ruinas que ves” de la novela del mismo nombre y con un reparto importante donde figuran Blanca Guerra, Jaime Luján y Pedro Armendáriz hijo. Además, tampoco sale sobrando subrayar que, si hemos titulado al texto “Ibargüengoitia y la ironía”, es porque los contrasentidos divertidos o trágicos, los malentendidos bien o malintencionados, son no sólo tópicos de su narrativa, sino de la vida misma, que por difícil que sea reconocerlo; a veces toma la apariencia de un collage de mal gusto. La vida puede ser en el mejor de los casos algo que se puede dotar de sentido y no algo que venga ya con un sentido propio; la ironía -y no la burda mofa-  es una de las direcciones más sabias para transitar este camino de la vida.

En consonancia con esto ha dicho un filósofo distinguido que la moral cotidiana y más común es aquella caracterizada por la distancia insuperable entre lo que se dice y lo que se hace, y que la única vida libre de contradicción es la que uno se imagina cuando está de buen humor, pues bien; no hay mejor manera de ejemplificar estas afirmaciones que la narrativa de Ibargüengoitia.

Ideal para lectores dispersos, intelectuales falsos o verdaderos, puritanos, ateos o adolescentes aburridos, las obras de Ibargüengoitia, ganadoras de premios internacionales importantes; son a casi 30 años de su muerte una elección con provecho garantizado.

Modificado por última vez en Martes, 25 Julio 2017 01:18
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.