Lunes, 28 Mayo 2018 04:45

El pensamiento pedagógico socialista

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El pensamiento pedagógico socialista

 

Por: Enrique Casillas

 

El racionalismo y cientificismo que identificó al pensamiento del siglo XVIII en Europa trajo consigo una revisión de lo que se entendía por educación en dos vertientes: por un lado se pasó de la educación escolar como coto exclusivo del clero y la nobleza a una educación que se convertía en heredad de todos los individuos; y por otro lado, la revisión de los contenidos de enseñanza permitió pasar de un currículum relacionado con conocimientos religiosos a uno establecido bajo la tutela de la ciencia y la razón.

La “duda metódica” cartesiana, el “realismo” y funcionalismo en la educación propuestos por Locke, las ideas de Comenio sobre la organización y distribución gradual del conocimiento, y la disposición universal a la educación propuesta por Rousseau, entre otros muchos postulados, darían origen a una idea de educación gradual, sistemática, científica y adaptada a la realidad que originaría el desarrollo de dos propuestas de educación, que compartirían algunas de sus bases y que habrían de surgir de dos programas filosófico-políticos del siglo XIX: el positivismo y el marxismo. El primero, con una idea optimista de la historia, vista como historia del progreso; una filosofía de corte burgués, que en educación tendería a la especialización y cientificismo como programa para regular el lugar que cada sujeto tendría en la sociedad. En segundo lugar, el marxismo, una postura cuyos orígenes se emparentan, pero cuyas ideas de hombre, de historia y de educación son muy distintas.

El pensamiento educativo socialista se opone a la concepción burguesa y clasista de la educación y recurre a una idea central: “una educación igual para todos” (Gadotti, El pensamiento pedagógico socialista, 2005, pág. 121). Además de las ideas racionalistas y cientificistas clásicas, la educación socialista tiene como fuente, según Gadotti (pág. 121-123), al pensamiento de Tomás Moro y su idea de la abolición de la propiedad que aparece en su Utopía; a Graco Babeuf y sus ideas de una educación única para todos, sin distinciones de clases, que dicta en su Manifiesto de los plebeyos; a Etienne Cabet y Charles Fourier que señalan el papel político que debe poseer la educación; a Henri de Saint-Simon que señala la importancia de una educación que no distancie al estudiante del mundo real, sino que se base en él; a Robert Owen con su postulado de la importancia del trabajo manual en la educación; a Víctor Considerant con su propuesta de la educación pública en que el estudiante participa de su organización; a Pierre Joseph Proudon que critica la estabilización de la explotación a través de la educación capitalista y enaltece el trabajo manual como fuente de conocimiento; finalmente, la fuente fundamental de que bebe la educación socialista son Karl Marx y Friedrich Engels, quienes dictarían los postulados centrales de la educación socialista: educación para el trabajo, asociación de educación y producción, programación gradual, educación politécnica y multilateral y relación entre educación y política.

Con base en estos precedentes y en el desarrollo posterior de las ideas que dan forma al pensamiento educativo socialista, realizado por Lenin, Makarenko, Gramsci, Vygotsky y otros, trataré de responder a las cinco preguntas básicas para analizar un programa educativo planteadas por Zubiría Samper (2006, pág. 33) con base en las cuatro planteadas por César Coll (1994) a la que él suma ¿para qué enseñar? Estas respuestas se basan en el libro Historia de las ideas pedagógicas de Moacir Gadotti, editado por Siglo XXI.

¿Qué enseñar?

La educación socialista parte del postulado fundamental de una educación para la inserción en la producción, vinculada al trabajo manual, como apuntaría Pistrak (educador leninista), es decir, una educación en la que “el alumno tenía que sentirse participativo del progreso de la producción” (Gadotti, 2005, pág. 125). En este sentido, se debe enseñar al estudiante aquello que le permita insertarse en la producción. Para Lunacharsky y Gramsci, igual que para Lenin, Marx y Pistrak, el trabajo es un principio educativo (Gadotti, 2005, págs. 126-127); además debe darse una formación intelectual, mediante el método dialéctico y aquello que permita, de acuerdo con Makarenko, “evitar emociones en las horas de conflicto” y en el lenguaje, según Vigotsky, que “es el medio por el cual el niño y los adultos sistematizan sus percepciones” (Gadotti, 2005, págs. 130-131). Por su parte, Lenin señala que la educación comunista debe ofrecer a la clase proletaria “la suma de conocimientos que la humanidad elaboró bajo el yugo de la sociedad capitalista” y no sólo la ciencia producida bajo el comunismo (En Gadotti, 2005, pág. 137).

¿Cómo enseñar?

Tal como se apunta arriba, la manera en que eso debe enseñarse es a través de la fusión interestructurante de la educación y el trabajo. Lenin, además de la idea de educar para y por medio del trabajo, señala que en la “vieja escuela” se enseña a través de la memorización de conocimientos inútiles, lo cual debe suplantarse por el aprendizaje de conocimientos útiles, esto es: pasar de lo libresco a los conocimientos útiles por medio del trabajo y de la lucha social contra los explotadores (En Gadotti, 2005, pág. 138).

¿Cuándo enseñar?

Para Marx y Engels, la educación debe ser un proceso gradual, que se organiza por etapas correspondientes al crecimiento de los niños y su posibilidad de incorporarse a la producción real, y lo hacen de la siguiente forma: 9 a 12 años, con dos horas de trabajo; 13 a 15 años, con cuatro horas de trabajo; y 16 a 17 años, con seis horas de trabajo (Marx y Engels, en Gadotti, 2005, pág. 134). Gramsci propone una escuela única y gradual que vaya de la formación en cultura general y el trabajo manual hacia la formación especializada para el trabajo (En Gadotti, 2005, pág 145).

¿Cómo evalúa lo que se enseña?

Respecto de la evaluación, no se sugiere ningún método para esto, lo cual no significa que no hubiera un sistema de evaluación, que asumimos debe ser a través de la eficiente incorporación al sistema productivo y a la lucha por la libertad proletaria.

¿Para qué enseñar?

Así, con lo visto anteriormente, la educación socialista apunta hacia una meta particular: “la libertad y la ruptura con la enajenación” (Gadotti, 2005, pág. 128); además de educar para la participación activa en la producción, bajo el postulado de Marx que afirma que “aquel que quiere comer debe trabajar de igual forma, no sólo con su cerebro, sino también con sus manos”.

Referencias

De Zubiria Samper, J. (2006). ¿Qué son los modelos pedagógicos? En J. De Zubiria Samper, Los modelos pedagógicos. Hacia una pedagogía dialogante (págs. 21-63). Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

Gadotti, M. (2005). El nacimiento del pensamiento pedagógico moderno. En M. Gadotti, Historia de las ideas pedagógicas (págs. 69-81). México: Siglo XXI.

Gadotti, M. (2005). El pensamiento pedagógico socialista. En M. Gadotti, Historia de las ideas pedagógicas (págs. 121-146). México: Siglo XXI Editores.

Modificado por última vez en Miércoles, 13 Junio 2018 14:28
Enrique Casillas

Profesor de Literatura y de redacción desde la perspectiva sociocultural, porque todas las palabras están condicionadas por lo social y éstas modelan a la sociedad. Me encanta pensar la escritura académica y la educación, a eso me dedico.