Martes, 04 Junio 2019 18:19

Educar en la caridad. Univocidad y multiplicidad de la educación

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Educar en la caridad. Univocidad y multiplicidad de la educación

 

Por Enrique Casillas

El Diccionario de la Real Academia Española ofrece para el término “caridad” ocho definiciones distintas, cada una de ellas vinculadas con diversos usos culturales o contextuales del mismo término. En las primeras dos hace referencia al atributo que posee el término como elevada cualidad cristiana, que la lleva al rango de virtud y las dos siguientes definen de manera más neutra el término, es decir, más libre de connotaciones religiosas: “limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados” y “actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”; el resto de las definiciones apuntan a usos muy específicos.

En ambos casos, el de la definición como virtud religiosa y el de cualidad social deseable aparece un fondo común, el de la naturaleza de la caridad como hecho social en que un miembro individual o colectivo de la sociedad ofrece una ayuda material de forma gratuita a alguien que se encuentra necesitado de ella y no puede adquirirla por sus propios medios.

La caridad religiosa surge del mandato divino de ayudar al necesitado, en el caso cristiano; tiene su origen en el texto bíblico, donde en múltiples ocasiones aparece como atributo esencial para aquel que aspira al cielo. Por su parte, la caridad laica nace del sentido de solidaridad entre los individuos, de lo cual podemos encontrar referentes en el lema de la Revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad), la “Justicia social” y los programas del estado capitalista para redistribuir las riquezas mediante el uso de la recaudación en “programas sociales” o el modus operandi de diveras asociaciones civiles y ONG´s que promueven el uso de fondos de capital privado para ayudar a grupos sociales en situaciones económicas deprimidas.

Cualquiera que sea el programa ideológico que desarrolle la caridad, esta sigue siendo caridad. En la educación, este concepto sirve para traer aquí una precisión que Durkheim hace de la misma:

No existe […] ninguna sociedad en la que el sistema educativo no presente un doble aspecto: ese sistema es, al mismo tiempo, uno y múltiple. Es múltiple; efectivamente se puede decir en cierto sentido que existen tantas especies diversas de educación cuantos son los diferentes ambientes sociales en esa sociedad. [Sin embargo] en cualquier parte en que las observemos, no divergen unas de otras más que a partir de cierto punto, más acá del cual llegan a confundirse por completo. Todas ellas reposan en una base común. (1976, págs. 95-96)

Así, considerar con Durkheim la multiplicidad de la educación en cuanto a sus formas y contenidos al tiempo que su unidad, en tanto las ideas, sentimientos y prácticas que la educación debe inculcar invariablemente a los educandos, debido al ideal de hombre que posee la sociedad donde se educa (págs. 96-97) nos permite abordar el fenómeno de la caridad como uno de esos valores universales que, salvo algunas excepciones, la educación ofrece a los nuevos miembros de la sociedad para su aprendizaje.

Las escuelas religiosas cristianas en México tienen una larga tradición en el ejercicio de la caridad, del mismo modo que las escuelas públicas. Las primeras desarrollan esta virtud como exigencia necesaria para ser merecedores de la “vida eterna” después de la muerte, es decir, la instrucción tiene relación estrecha con las creencias (Durkheim, 1976, pág. 119) y las segundas como efecto de una actitud solidaria con las necesidades ajenas. De este modo, la atribución que Durkheim presenta de la educación de ser al tiempo unívoca en tanto las ideas, valores y prácticas que se conciben como idóneas para los sujetos y multívoca en tanto las formas, criterios o motivaciones de enseñar tales ideas o valores aquí se constata.

La práctica de la caridad en México es un patrimonio casi generalizado, que en casos como los sismos de septiembre de 1985 y 2017, diversos huracanes y desastres naturales se ha constatado. Todo esto en un país que, aunque sea mayoritariamente religioso, es también educado en escuelas mayoritariamente laicas.

   Referencias

   Durkheim, E. (1976). La educación: su naturaleza y su función. Salamanca: Sígueme.

Enrique Casillas

Profesor de Literatura y de redacción desde la perspectiva sociocultural, porque todas las palabras están condicionadas por lo social y éstas modelan a la sociedad. Me encanta pensar la escritura académica y la educación, a eso me dedico.