Lunes, 10 Junio 2019 14:57

El tornado que barrió la maldad de la calle 66 en Talpita

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

El tornado que barrió la maldad de la calle 66 en Talpita

 

Por Jesús Zamora

 

Tal cual, aún sin poderlo creer, el comentario azorado de los vecinos de la colonia Talpita aquella tarde noche del miércoles 27 de junio de 2018 al este de la ciudad, era irrebatible: un tornado acababa de cruzar por ahí. Un aroma a tierra surgía de los troncos de los arboles despedazados, mientras los arroyos de agua sucia que recorrían el borde las banquetas, arrastraban las astillas, hojas y pequeñas ramas resultantes del desastre. Algunas narices se asomaban de las viviendas aledañas a la ruta del meteoro; las cortinas se batían delatando a sus discretos y pávidos moradores, en tanto dentro de las casas las sombras se engrandecían por efecto de la luz de las velas, dado el apagón de energía eléctrica en la zona. En medio de lo que parecía una lluvia ordinaria de verano, lentamente se fue abriendo paso un ruido que luego los colonos describirían como la conmoción de diez máquinas de tren, acompasado por una metralla sostenida de vientos exaltados que sacudían todo a su paso. En medio de la grisura de los cielos, el frío y la lluvia cayendo en cortinas desacompasadas. El tornado posiblemente se formó y tocó piso en la calle de Santa Clemencia; caminó de norte a sur a lo largo de la calle 66, también conocida como la de Francisco González Bocanegra atravesando la de San Esteban, hasta perderse en la calle Emilio Rabasa. Atrás, en cuestión de segundos, la Unidad Deportiva número 8 Cuauhtémoc, mejor conocida como la Unidad Talpita, quedó patas arriba. Árboles, postes, lámparas caídos; los juegos arrancados de su lugar, las bardas para el frontón semi derrumbadas. Las rejas que circundaban al centro caídas o dobladas por el peso de los árboles caídos. Fresnos, eucaliptos, palmeras, guayabos, pinos regados por todas partes. “Una masacre de árboles”, comentó alguien al pasar. En las calles aledañas, varios autos quedaron aplastados por el peso de los árboles derribados. Un verdadero milagro el saldo blanco de ese día. Guadalajara y Talpita, sin desearlo nunca, tuvieron durante unos segundos, una probada terrífica de lo que en Estados Unidos se vive año con año en el coloquialmente conocido Tornado Alley –callejón de los tornados-, que comprende entre otros a los estados de Texas, Oklahoma, Kansas y Nebraska. Una experiencia que poco se ve en México, pero que, a pesar de ello, ha sido registrada desde tiempos inmemoriales, como lo hizo el oceanógrafo Oscar Velasco al señalar que el primer tornado registrado en nuestras tierras, y en América toda, ocurrió en agosto de 1521, justo durante los días de la caída México-Tenochtitlan. En los últimos años, se han formado tornados en zonas consideradas de alto riesgo, como Tamaulipas, el Estado de México y Veracruz esto conforme a los datos de la Comisión Interinstitucional para el Análisis de Tornados y Tormentas Severas (CIATTS). Jalisco no figura en dicha lista, sin embargo, Guadalajara sufrió ese 27 de junio de 2018, un diluvio de varios minutos durante el paso del meteoro, pues el agua que cayó equivalió al 41% de lo que cae sólo durante el mes de junio, contándose en cerca de 200 los arboles caídos esa noche en la ciudad, la mayoría en Talpita. No faltó quien, durante las semanas siguientes, interpretara el paso del tornado como un símbolo dual que cifra en sí mismo, tanto la gracia como la tragedia. La gracia es atribuida a Nuestra Señora del Rosario de Talpa, quien dicen, intercedió para cuidar las vidas de los lugareños. Por otra parte, y de manera creciente, para muchos fue en extremo significativo que el tornado recorriera precisamente la calle Francisco González Bocanegra a su cruce con Santa Clemencia, un punto siniestro y célebre en la colonia, por ser un lugar en que, en los últimos años, han sido abandonados los cadáveres de al menos seis personas, esto sin contar que, en esa misma confluencia, han sido asesinadas a balazos varias personas. Sin duda, una coincidencia tenebrosa, como si el tornado hubiera querido –dijo una entrevistada-, borrar de golpe la maldad instalada en Talpita, en la calle 66.