Domingo, 01 Septiembre 2019 18:32

Pedro Infante, el carisma y el amor

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Fotograma de David Estrada Fotograma de David Estrada http://www.davidestrada.org/index.php/espectaculos/12-espectaculos/568-asi-se-escribio-amorcito-corazon

Símbolo inamovible de la mexicanidad inventada por el cine es Pedro Infante Cruz. Los personajes representados por el ídolo de Guamúchil (que según el muy autorizado Monsiváis, es siempre un sólo personaje) encarnan su propia vida, la autenticidad y la sencillez de quien ha tenido hambre, el romanticismo que lo hacen simplemente el más querido de la Época de Oro del cine mexicano. La indistinción entre personaje y persona es constatada no sólo por el amante público que siempre tuvo a sus pies, sino por testimonio de quienes convivieron con él. El carisma de Pedro lo corrobora el cortejo fúnebre más populoso de un mexicano, descrito por Carlos Monsiváis en Pedro Infante en “Las leyes del querer”.

Pedro fue y es aún querido por muchas razones, una de las más importantes es su origen humilde; haría de carpintero, pugilista, mesero, peluquero y otros oficios. Nunca escondería sus raíces, es más, en su desparpajada y rudimentaria personalidad consistía el secreto de su proximidad al pueblo. Pedrito es parte de la familia, de nuestro mundo circundante, al menos cada domingo al ver televisión. Porque como dice Monsiváis “la educación de los sentimientos y una parte de las visiones insustituibles del mundo dan comienzo al iniciarse la película”. El macho, el atravesado, parrandero, jugador, el amigo a toda costa y el mujeriego que siempre ama es representado una y otra vez, fuera y dentro de la pantalla, son elementos que hacen de Pedro el símbolo clásico de la mexicanidad. Si esta mexicanidad simbólica es deseable o indeseable no interesa. El hecho es, la afirmación de Infante como ídolo irrefutable de México.

Demasiado extensa la filmografía de Infante, podemos decir que sus mayores éxitos los consiguió bajo la dirección de Ismael Rodríguez, quien entendía al derecho y al revés los imaginarios del pueblo y cómo Pedro los representaba. Aunque también fue dirigido por René Cardona, José Benavides, Miguel Zacarías, Roberto y Joselito Rodríguez, Juan Bustillo Oro y los muy destacados Emilio Fernández y Joaquín Pardavé. Compartió créditos con las mejores actrices del momento, Blanca Estela Pavón su mejor amiga, Lilia Prado, Libertad Lamarque, Silvia Pinal y por supuesto, la abuelita del cine mexicano con quien tejió un lazo icónico: Sara García. Actores destacados fueron también colegas de trabajo y en ocasiones amigos, Luis Aguilar, Jorge Negrete, Antonio Badú, Antonio Aguilar, Joaquín Pardavé, Gabriel, Domingo y Fernando Soler, y los secundarios pero siempre imprescindibles Fernando Soto “Mantequilla” y Armando Soto la Marina “El Chicote”, que jamás fueron patiños, sino fieles compañeros.

En aquel contexto Infante encarnaría el imaginario sobre el hombre completo, que era digno de admiración por los otros y digno de enamoramiento por las otras. Eulalio González “Piporro” se lo dice a Martín Corona (Infante) de manera contundente, sencilla y breve en “Ahí viene Martín Corona” (1951): “Mijo, présteme sus manos… los dedos de la mano derecha significan patria, religión, familia, honor y trabajo; los de la izquierda significan: la pistola, que el hombre debe saber manejar pa’ defenderse en la vida, el caballo, que es como parte del cuerpo del hombre, la baraja, que hay que saber manejar pa’ que no te hagan trampa en el juego y en la vida, la copa, porque el hombre por muy hombre que sea, debe saber medir y controlar, y la guitarra, porque el hombre debe ser alegre y festejar la vida. Ése es el hombre completo, mijito”. Bien señala “Piporro”, la guitarra pa’ festejar la vida.

La música entonces es uno de los fundamentos no sólo del romanticismo que hacen de Pedrito el macho, muy macho, pero con sentimientos; sino también el sostén del cine mexicano, porque “la música popular y sus letras hacen las veces de ideología, y mientras se tararean y memorizan las canciones más se afirma su misión: transmisoras de la filosofía de la vida” (Monsiváis). ¿Quién podría vivir un idilio sin canciones? , ¿quién podría vivir sin amar? La vida es impensable sin el amor, pero un amor sin titubeos según afirma la psicóloga Marlen Jasso, un amor que no implica que quien se enamora pierde, sino vivido como un darse pero sin perderse así mismo,  un dar gozoso tal como amaban los personajes de Pedro Infante, en el amor así nunca hay desperdicio.

Pedrito enamorado, poeta, músico y hombre del instinto a flor de piel, ¿es radicalmente diferente de otros más instruidos y a lo mejor hasta mejores cantores de serenatas? Un rotundo sí. La dicotomía más clara la encontramos en “Dos tipos de cuidado” (1952). Jorge Bueno (Jorge Negrete) y Pedro Malo (Pedrito), se ven enemistados por una confusión de amores. Al inicio Pedro declara sus amores a Maruja (Yolanda Varela) de manera abrupta, directa y presurosa (“a ver cómo se me ocurre”, dice a Jorge), mientras Jorge finge indiferencia con Chayito (Carmelita González) y le propone un amor platónico. El primer resultado: Jorge, fruto de la estrategia cerebral propia del ajedrecista consigue a Chayito en sus brazos, Pedro al intentar robarle un beso  en la mejilla a Maruja consigue una descalabrada "(...) imaginate si hubiera sido en la boca, ahorita le estuvieras sacando las municiones de la barriga". ¿El resultado adverso es definitivo? No lo es, y no lo es porque Pedro asimila el rechazo sabiendo que es temporal, él se da todo el tiempo y como lo que da vale, tarde que temprano es aceptado y retribuido. La idea del amor llano, sin triquiñuelas psicológicas, la entrega sin mezquindad, es una forma de amar casi extinta. Pero una de las fuentes más fértiles para aprender cómo mantenerlo vivo la encontramos en Pedro Infante, donde la ficción es realidad.

Modificado por última vez en Domingo, 01 Septiembre 2019 19:32
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.